Skip to content

Un pequeño cuento: “HA LLEGADO EL INVIERNO A LA REGIÓN”

pajarito“Ha llegado el invierno a la región, help los tejados de la ciudad se humedecen ante el constante goteo de las vaporosas nubes, el ave observa, y sabe que no puede permanecer más en la ciudad, se sobrecoge…

Rápidamente deberá alzar el vuelo, o si no sus ágiles plumas ya no lo protegerán del frio y la lluvia. Observa atento, mira cada rincón que ha recorrido, guarecido bajo la madera hasta que escampe la lluvia, es posible que recuerde, ahora que su corazón no está inquieto.

Aquel árbol lo sostuvo en sus ramas, donde el ave posó su delicado cuerpo, vio crecer sus hojas y florecerle sus retoños. Cruzó muchas veces aquella montaña, para observar atento sus pequeños habitantes, el viento golpeó y también acarició su pecho, extraño comportamiento tenía aquel soplo, muchas veces lo encontró desprevenido, pero él no oponiendo resistencia se dejaba llevar por las jugarretas y en algún momento volvía a posar sus patas sobre la tierra.

Probó de distintos frutos de la zona y alguno que otro sabor preparado por esos seres con pieles de distintos colores. Muchas veces sintió tanto calor que le parecía que no iba a acabar, pero en algún momento llegaba la penumbra anunciándole un refresco.

Y así llegó el frío, primero cayeron las hojas y la briza se hizo más conocida y luego llegó la noche, viéndose cada vez menos el sol.

Y el ave no partía, volvía a sobrevolar la ciudad y volvía a posarse en el árbol, de repente pensaba que aquella montaña enorme como una eterna  muralla no lo dejaba partir, pues se abría imponente sobre su vista y le mostraba su vastedad infinita. Y el ave sabía que debía partir.

Sabía que debía partir, sus compañeras de vuelo se habían ido hace tiempo, mientras él se ocultaba y apartaba de su camino para no cruzar sus miradas, no quería su compañía.

Se encontraba quieto, seguía observando, con su plumaje hinchado para que no le entrara frío y sus ojos ya no veían la lluvia, sino la otra orilla, donde el sol se iba dorado por el mar tan temprano, pero sus plumitas conservaban su calor durante mucho tiempo, incluso hasta la otra mañana, cuando lo volvía  a ver incandescente asomar sus primeros pies por el este.

Ahora estaba solo, su compañero había volado hace algunas temporadas bajo esos extraños animales sin luz, que se movían y comportaban en línea recta y que parecían llevar en sus estómagos a los seres de distintas pieles coloreadas. Después de esa vez, no se habían vuelto a ver jamás.

Entendiendo el ave, continuó su recorrido sin compañía, pero esta vez no partía.

Ya la lluvia se hizo más fina hasta desaparecer y tras la enorme masa montañosa del este brotaban rayos de sol que le abrigaban un poco.

Alzó sus patas y con las alas bien replegadas salió de la madera y se desplazó hacia el árbol, escalándolo con suaves saltitos y movimientos cortos de sus alas. Sentía hambre, miró hacia la plaza, pero con la lluvia nadie había dejado algún alimento, sobrevoló y saltó al pasto picoteando luego el suelo, pero no sin antes escuchar atentamente donde se movía su presa bajo la tierra, encontró uno que otro gusano que lo dejó contento para el resto del día.

Volvió al árbol, sabía, por las nubes que llovería dentro de dos o tres días, observó la montaña y lo supo; si no partía en ese momento nunca lo haría.

Estaba solo, su compañero hace mucho no lo veía, no tenía nada, alguna vez tuvo guarida en otra ciudad, donde el invierno no era tan abrupto y habrá pasado alguna temporada. Pero su espíritu de ave estaba adormecido, ya no quería emprender el vuelo, de todas formas había conocido muchas regiones, en varias, había puesto sus patas y las otras las conocía de sobrevuelo.

Quizás ya no era su tiempo, no apetecía manjares, solo observaba el entorno cuidadosamente, miró el árbol en que se posaba, este se estremeció en una sacudida, ambos entendieron.

Y el ave alzó la vista hacia la enorme muralla rocosa, la observó un par de segundos…

…Y emprendió el vuelo…”

Solar (Boabom Sur)