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Comer es una importante forma de relación social

Extracto del artículo “la camaradería es la mejor dieta de Ronald Koetzsch”

<<Pasé un mes en Rusia, enseñando en la universidad estatal de Moscú. Un fin de semana fuimos, con Martha  (la profesora que iba conmigo) y varios alumnos rusos, a  visitar San Petersburgo. […]

comer-en-familiaLlegamos alrededor de las once de la noche. Nos alojábamos en casa de un estudiante de medicina, con cara de bebe y su mujer, que nos estaban esperando con un banquete ruso. Había borscht, gruesas rebanadas de pan moreno, montañas de mantequilla, pescado salado, queso, manzanas,  pasteles y vodka. Cuando nos sentamos a comer ya era bien pasada la media noche. […]

Yo estaba cansado y no tenía mucho apetito. Además, recordé que cenar tarde me hace sentir aletargado a la mañana siguiente. Igual que los monjes budistas que no comen después de medio día, prefiero irme a la cama  con el estómago vacío.

Así pues, cuando comenzó la comida expliqué cortésmente que no me sentía bien, y que solo tomaría agua y jugo de manzana. “si no te sientes bien, lo mejor es comer”, dijo nuestra anfitriona. “Sí, sí” comer para la salud”. […]

Yo me atuve a mi abstinencia de todos modos, con una cierta actitud farisaica. Mientras todos los demás, también Martha comían, bebían y se divertían, yo bebía sumo y agua esperando el momento de poder disculparme educadamente para ir a la cama. Pasada alrededor de una hora, eso hice, pero la comida, la bebida, la conversación y las risas continuaron hasta mucho después. Uno de mis últimos pensamientos antes de quedarme dormido fue: “bueno, en todo caso, estaré despejado y lleno de energía mañana, cuando hagamos la visita a la ciudad”.

Pero, ay de mí, no ocurrió así. Al día siguiente estaba indispuesto, algo aturdido, y me sentía separado de los demás. Y ellos, pese a haberse ido a la cama llenos de comida y vodka, estaban alegres y rebosantes de energía. Me deprimió un poco esa aparente injusticia. […]

Poco después de mi estancia en Rusia estuve en Alemania. […]

Estando  en casa de un amigo, asistimos a un desayuno con que se ponía fin a una festividad local. La comida se celebraba en una enorme sala; en el centro había una banda de 30 músicos tocando a un volumen ensordecedor. Sentados alrededor de largas mesas había cientos de hombres de trajes negros y camisas blancas, bebiendo cerveza, charlando, riendo y comiendo.

Tan pronto me senté me pusieron adelante una enorme jarra de cerveza espumosa, y mis vecinos inmediatos levantaron sus jarras a modo de saludo. […]

No me pareció el momento adecuado para pedir una infusión de menta, así que bebí, estaba espesa y deliciosa. […]

Finalmente sirvieron el desayuno, que consistía en una chuleta de cerdo frita, del tamaño de un disco volador.   Para quien ha comido poca carne y nada de cerdo en más de veinte años  parecía “la madre de todas las chuletas de cerdo”. ¿Qué podía hacer?, ¿pedirle a la valkiria que nos servía que me la reemplazara por mi bocadillo de hummus con brotes de alfalfa?; empecé a comer y me comí la chuleta, la ensalada de patas y todo lo demás con gran entusiasmo; estaba delicioso.

Cuando salimos me sentía relajado y feliz, y estaba tan despabilado que noté  que en realidad, se movían el suelo y otras partes de los edificios alemanes aparentemente sólidos. Pero tenía una especia de presentimiento malo: ¿cuándo caería sobre mí el hacha del juicio por ese pecado dietético? Nunca cayó;  todo ese día y los siguientes me sentí especialmente lleno de energía y entusiasmo. […]

Espero con ilusión mi próximo desayuno de cerveza, chuleta de cerdo y canto.

La conclusión de Koetzsch es que “cuando la comida está bendecida por el hecho de ser compartida, cuando se come en compañerismo, en medio de conversación y risas, […] cualquier alimento es alimento para salud”. ¿Y ustedes Están de acuerdo?>>

Aporte de Mitocondria (Boabom Sur)