En un lejano país vivía un viejo ermitaño que tenía fama en los alrededores. El ermitaño acostumbraba vivir en una caverna por un tiempo, luego caminar, vivir en otra, y realizar su mayor y más apreciada actividad; meditar diaria y constantemente. De vez en cuando bajaba al pueblo, donde siempre le obsequiaban presentes, comida y era invitado a fiestas. Sin embargo el sólo aceptaba la comida y volvía rápidamente a sus meditaciones. Un día un joven llegó a una de las cavernas y se presentó ante el ermitaño. El muchacho dijo: “enséñame, quiero ser como tu”. El ermitaño no dijo mucho pero el joven se convirtió en su aprendiz. Paso el tiempo, el ermitaño decidió marchar solo y dejar a cargo su última ermita al joven aprendiz. Al tiempo volvió y el joven no estaba. Bajó al pueblo y lo encontró en medio de una gran fiesta. Se acercó al muchacho y le comentó; “¿cómo querías ser como yo, si sólo eres como tu?”. El joven bajó la cabeza y se marchó.
Fábulas e Historias Boabom (por Asanaro)