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El Arte de la Guerra… Leyendo la historia de Sun-Tzu al revés

(Parte 2, del artículo “El Arte de la Guerra”… y la disciplina, una historia y lección de vida)

A veces comento con mis alumnos que los libros se pueden leer al revés, muchos se ríen y dice que siempre me gusta bromear, algunos simplemente me preguntan como es posible.

¡Denlo vuelta!, les digo… las caras de interrogación continúan. Pero es así de simple. Casi nunca doy señales de cómo hacer esto. Otros reclaman: ¡Usted siempre con sus secretos! Bueno… decir que hay secretos deja las cosas a la imaginación y eso no molesta mucho, es “sin compromisos”, pero ver las cosas en un sentido profundo, y dar un punto de vista nuevo, puede doler y doler de verdad, y eso trae recelo.  Por ello a veces dejo las cosas como están… y “todo amigos”.

De antemano, disculpen mi falta de sutileza para dar vuelta esta historia de Sun Tzu. De hecho me arriesgaría a decir que la historia no es verídica o textual, sino simbólica. Si estoy equivocado, una pena que se hayan sacrificado dos mujeres por satisfacer el deseo y el orgullo de los hombres, pues la guerra sin duda es cosa de hombres. En fin, prefiero pensar positivo y supongamos que de verdad la historia es completamente simbólica.

Demos vuelta el libro, letras, números, todo desde un nuevo ángulo, uno completamente opuesto a las guerras, a los ejércitos y a los reyes (que son simples ladrones con títulos honoríficos).

Comencemos nuestro juego:

Qué tal si el ejercito de “180 mujeres” es uno mismo. Veamos; dos batallones de 90 mujeres cada uno (30 veces 3, o 33), antiguo número simbólico de evolución, “dos batallones”; hemisferio derecho e izquierdo, todas de “Palacio” (o templo, sinónimo de  cuerpo). Que tal si las dos concubinas a cargo de la los dos batallones y que no paran de reír,  son; “el sentir confuso” (el no saber lo que queremos, confundir los sentimientos,  seguir el romanticismo de telenovela barata, creer que podemos tener todo sin sacrificar nada, etc.) y “la razón confusa” (o la cultura, dejarnos influenciar por lo que los demás digan u opinen, ser un típico seguidor de la moda, un débil; por la simple razón de que los demás lo hacen, creer que nuestra razón es la única válida). Que tal si las dos concubinas ríen en base a los dos elementos anteriores. La risa es porque la burla es la mejor forma de no seguir la orden del general (Sun Tzu), es decir,  tomar todo a la ligera, si total… ¡y qué!, somos la concubina favorita de papito Rey, él siempre nos celebra las estupideces. Y siendo así, que pasa si Sun Tzu es nuestro más profundo sentido de sabiduría, de fuerza interna, de responsabilidad pura, de auto reconocimiento, de verdadera humildad, sobriedad, discreción, nobleza y todo aquello que si comanda convierte a un necio en alguien extraordinario.

Por otra parte que sucedería si el Rey es nuestro yo consciente, lleno de debilidad, un mimado de las circunstancias de la vida, que por un segundo tuvo en sus manos un libro… un mensaje… en este caso “El Arte de la Guerra”, 13 capítulos (número de los planetas en la antigua astrología, siendo número 13 el planeta desconocido) y ese Rey por un segundo pudo ver más allá, segundo suficiente, ya que en ese momento de lucidez llama ante su presencia al gran estratega, el que posee el verdadero Arte; al Subconsciente (Su…n Tzu) para que demuestre ante sus amadas concubinas (el cuerpo con todo su sistema de energía) lo que se puede lograr si se despierta el yo puro, fuerte y sabio.

Pero acertadamente Sun Tzu dice: “la orden debe ser clara”, y si “la orden no es clara es culpa del general”. Si el conciente y subconsciente están confuso, no hay nada que hacer, la batalla esta perdida de antemano, se esta destinado (al menos en esta vida) a vivir en ello mismo: la confusión.

Pero si obtenemos la “orden clara” el ser común esta listo para dar el primer paso. Ahora viene el problema de los oficiales; las dos concubinas, la mente con sus dos hemisferios mas su conexión física-nerviosa; los soldados . Y si la orden es clara y los soldados desobedecen es la culpa de los oficiales: ¡¡pues que les corten la cabeza!! En otras palabra; ¡cortemos el mal de raíz! la duda, el miedo… orgullo para algunos, una terrible ansias de atención para otros, hacerse la victima, que si no juego me llevo la pelota, es decir; “el sentir confuso”, ‘la razón confusa”.

Al paredón los oficiales que no escuchan (o no quieren escuchar) y que vengan nuevos oficiales, que ellos si sabrán cumplir. Siendo así, tras la ejecución drástica (o determinación drástica) de verdad estamos en camino de convertirnos en alguien dispuesto a conocerse, sin piedad, sin autocompasión, sin distraerse con superficialidades, sin criticas a los demás por nuestros errores, uno se convierte en alguien dispuesto a toma la decisión por la gran conquista con todas y cada una de sus consecuencias, la conquista de todos los estado, de todos los señores; la conquista de sí mismo.

Primero el Rey, débil por naturaleza, se asusta ante la determinación de Sun Tsu, quien inmediatamente ejecuta a las concubinas risueñas (en palabra menos cordiales, pero mas reales, las concubinas estupidas). Luego Sun Tzu le reprocha: “El rey es amante de las palabras, no de los hechos”, y el Rey se da cuenta lo lejos que están sus actos de su idealismo (o falso idealismo pues nunca había sacrificado nada por ello… ni una concubina… o una comida agria). Sin embargo, después de la verdadera bofetada que Sun Tzu le da, por primera vez, con dolor y todo; se ve a sí mismo, tal cual, sin adornos, sin la protección de su corona o apellidos rimbombantes. Acaso no es necesario esta ‘tragedia’ en alguien que desee conocerse a sí mismo, con todo sus taras y defectos. Decirnos lo que nadie ve ni nadie se a atrevió a decirnos, que hemos sido unos mimados encegados por nuestro egoísmo por mucho tiempo.

Por último el Rey medita y se da cuenta que sólo con Sun Tzu puede lograr el éxito, que no hay autocompasión que valga, que no hay piedad en el camino interior, sólo una inquebrantable voluntad de conquistarse a si mismo.

Asanaro