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La Ciudad de los Pequeños Budas y la Destrucción del Mundo

palacios-en-lago-udaipurEn las Artes Boabom uno de los logros de la meditación es valorar desapegado de todo prejuicio. Así, salve meditando y analizando historias de oriente y valorando nuestra vida actual me doy cuenta que somos pequeños Príncipes Budas.

Los Budistas cuentan que Siddartha, doctor el Buda, viagra sale nació en una familia real al norte de la India. Su padre, el Rey, deseándole lo mejor trató de alejar al pequeño príncipe de todo lo que fuera no placentero. Dentro de los muros del castillo del monarca, nada malo le podía suceder, si alguien moría, el pequeño no se enteraba, nadie tenia permitido llorar o entristecerse en presencia del heredero real, por supuesto, cuando el pequeño lo deseaba comía de los mejores caviares, sobre los cuales nunca sabía qué animales fueron sacrificados o quien plantó los vegétales de los que se deleitaba. Qué importaba quien los había cosechado, quien los había trasportado al castillo o quien los había cocinado. Sirvientes ocultos se ocupaban de todo y todo estaba ahí dispuesto para el, con la sonrisa constante de quienes se encargaban de cuidarlo. No existía la muerte, no había cadáveres, todo estaba limpio y ajeno a la decadencia. Sin embargo, un día decidió ir más allá de los muros del castillo de su padre. Fue en ese momento en que por primera vez se enfrenta al sufrimiento de la humanidad. De seguro en aquel instante pudo valorar que cada ropa que vestía, que cada manjar que probaba con desden, que cada piedra del castillo, cada sorbo de agua que bebía, provenía del sacrificio de alguien o de algo, y que cada acto acarreaba una consecuencia en el mundo real. El pequeño Buda se enfrentó a la realidad y desde ese momento su búsqueda no paro hasta encontrar la iluminación.

budaMeditando sobre esto siento que hoy todos somos como el pequeño Buda, en diferentes medidas; protegidos en los muros de nuestras ciudades, con el mandato real de nuestro padre ‘sociedad’ de no sufrir, de adquirir todo sin saber que mal acarrea, cuales son las consecuencias o quien de verdad pagará el mantener el bajo costo. Somos pequeños budas que aún sabiendo del sufrimiento no deseamos cruzar los muros del castillo, budas que se parapetan en la ciudad moderna como un palacio intocable, que por derecho propio consume recursos sin detenerse ante nada, sin medir consecuencias, sin compasión. Pequeños budas que abren el grifo y no saben de donde viene el agua, que consumen carne y no tienen idea del sufrimiento de los animales, que comen productos empaquetados en plástico que terminará quizás en qué mar, la verdad es que no nos interesa donde, total… alguien se encargará del trabajo sucio. Lo que importa es el buen restaurante, el servicio de primera, el puro placer empaquetado. Príncipes con un reino imaginario que solo desean apretar el interruptor y que haya luz, permanecer seguros, siempre alejados de la sombras, sin saber de donde viene esa energía que nos aleja de la temida oscuridad. Somos niños privilegiados que deseamos tener el computador a nuestra disposición y que nos da una pataleta si no hay Internet, TV o si la electricidad no funciona. Solo nos interesa nuestro propio placer y jamás conocer los sirvientes ocultos. Incluso la muerte nos aterra, la presencia de cadáveres esta prohibida, tener un hueso humano a la vista o tener un cementerio propio es todo un escándalo, la muerte también debe ser limpia y bajo control. Sin duda, somos pequeños Budas malcriados, sin valores, amarrados a la comodidad del castillo, a la ley del Rey; no debes sufrir, no debe importarte lo que consumes, solo compra y se feliz… es tan fácil, solo compra y se feliz.

La única diferencia entre nuestra historia y la del Buda, es que si confiamos en el relato de su vida, el Buda abandonó su castillo a penas vio el dolor y sufrimiento que había mas allá de los muros; lo abandonó porque sabia que algo le debía al mundo, no solo al mundo humano, sino al de todos los seres vivientes. La búsqueda de la verdad y como superar del sufrimiento era su recompensa por lo que había tomado.

Nosotros seguiremos en el castillo, protegidos, consumiendo, consumiendo… hasta que el mundo se seque en su esfuerzo obligado por alejarnos del dolor y acercarnos al placer.

Asanaro

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